Nos abruman cada día noticias sobre un mundo en crisis, con fuertes caídas en la actividad económica, pérdidas crecientes de puestos de trabajo y deterioro grave del nivel de vida de la gran mayoría de los seres humanos. A los miles de millones que apenas subsisten en los países más postergados del globo se agrega la brutal caída de amplios sectores medios de países desarrollados, abandonados por sus estados impotentes para afrontar la hecatombe iniciada en el sistema financiero e inevitablemente extendida a toda la economía.
En paralelo, la naturaleza ratifica el reiterado y fundado alerta científico sobre los enormes riesgos del cambio climático. Se suceden en Estados Unidos records imparables de temperaturas máximas, incendios, sequías conjugadas con diluvios e inundaciones repentinas. Los fenómenos extremos y cambiantes anunciados por la ciencia vuelven a advertirnos que apenas queda tiempo para reducir el impacto ambiental que pone en peligro la subsistencia de la vida en el planeta, al menos en la forma que la conocemos.
En ese marco podemos relacionar tres informaciones muy importantes de los últimos días. Vale la pena intentar que no se evaporen a la misma absurda velocidad con la que circulan, esa liquidez que caracteriza nuestro tiempo e impide todo análisis profundo de los hechos.
Uno de los mayores laboratorios del mundo, GlaxoSmithKline, aceptó pagar una multa de 3.000 millones de dólares por haber promovido ilegalmente medicamentos en base a declaraciones engañosas sobre su precio y efectividad, ignorando estudios que demuestran su ineficacia. Se trata de un antidepresivo para niños no aprobado por las autoridades sanitarias, de un antidiabético vendido sin alertar sobre sus efectos secundarios y de un antidepresivo publicitado para "estar más delgado o tener más relaciones sexuales".
Uno de los grandes bancos del Reino Unido, Barclays, admitió haber emitido datos falsos para manipular –concretamente, para bajar- la tasa libor, un parámetro fundamental del sistema financiero que establece el costo del dinero para préstamos entre bancos. Esa tasa se fija diariamente según un promedio de las tasas de interés de las entidades más grandes y el Barclays dio valores falsos, menores que los reales, durante casi dos años, en procura, claro, de lograr mayores beneficios. Su CEO acaba de renunciar y la entidad afronta una investigación parlamentaria y sanciones millonarias.
El tercer dato que tomamos se origina en nuestro país. La Corte Suprema revocó una medida cautelar que beneficiaba a la cuestionada minera Barrick, dictada por el Juez federal de San Juan a poco tiempo de sancionada la Ley de Glaciares.
Gracias a esa medida, que suspendió la aplicación de esa norma durante un año y medio, Barrick logró impedir que se realizaran el inventario de glaciares –tendiente a determinar si su explotación afecta a un glaciar, como lo indican serios estudios realizados- y una auditoría ambiental sobre su actividad minera. Esos pasos eran previos a determinar la protección que sin duda merece –y necesita- el medio ambiente y no pudieron darse aún por el accionar de la minera y del gobierno provincial que la apoya y la acompañó en el juicio.
Dicho en otras palabras, la Corte –quien en su fallo descalificó severamente la decisión del Juez- puso fin a una demora tan absurda como abusiva para que una Ley protectoria indispensable y muy demorada comience a aplicarse.
Las noticias comentadas sugieren rápidas reflexiones.
Por un lado, la inmensa mayoría de las personas padece las consecuencias de una crisis que no generó, los organismos internacionales siguen ordenando “ajustes” dirigidos exclusivamente hacia abajo mientras se rescatan con fondos públicos a bancos “demasiado grandes para caer”.
Al mismo tiempo, brillan por su ausencia medidas serias en materia ambiental y las cumbres no pasan de declaraciones formales sin contenido.
Los responsables de la situación, los pequeños grupos privilegiados que acaparan el más alto nivel de poder y riqueza, los que persiguen el lucro sin límites ignorando las leyes y toda pauta de mínima moralidad, apenas se ven afectados por algún escándalo puntual rápidamente olvidado. Están fuera del alcance de los poderes locales, muy débiles ante esos gigantes que actúan libres en un espacio global sin reglas, sin controles ni tribunales capaces de hacerlas efectivas.
Ante tanto poder, el sistema democrático y la idea de mercado se ven reducidos a un plano meramente teórico donde la igualdad ante la Ley, principio básico de un Estado de Derecho, parece una cruel ficción.
Por todo ello hoy se justifica celebrar un nuevo fallo valioso de nuestra Corte Suprema y detenerse a analizar y vincular noticias que nos aportan datos significativos de una realidad compleja y difícil sobre la cual es preciso generar debate y participación del conjunto de la sociedad.